Nací ya con dificultades: un parto complicado, problemas de movimiento, y un cuerpo que no encajaba en el molde. Desde pequeño sentí que mi cuerpo era una especie de dulce condena; estaba aquí para ser vivido, pero también para ser entendido.
A los 11 años sufrí mi primera ciática. Mientras otros niños corrían, yo arrastraba una pierna y convivía con un dolor que ningún médico sabía explicar del todo. Así aprendí que el cuerpo puede ser un mensajero incómodo, pero también un sabio.
En la adolescencia me refugié en el movimiento, el deporte y la disciplina. Me formé en circo y danza: trapecio, acrobacia, malabares, verticales… Convertí el cuerpo en mi herramienta de trabajo y en mi identidad. Actué en escenarios, viajé, fui docente y formador. Pero por dentro, seguía buscando respuestas y, en el fondo, luchando contra mi propia naturaleza.
Mi verdadero punto de inflexión llegó hace casi cinco años, con un accidente grave.
El mundo se paró. Mi cuerpo, que creía controlar, me enseñó que la vida es frágil, que el dolor puede ser un portal, y que solo cuando lo aceptas y empiezas a valorarte, se transforma la relación contigo mismo.
Las hernias me enseñaron a escucharme antes de romperme del todo, el miedo a operarme me llevó a explorar caminos de integración y no solo de fuerza, y las crisis físicas se convirtieron en puertas hacia un autoconocimiento más profundo, también en lo emocional y espiritual.
Poco a poco, fui dejando de pelearme con el cuerpo. Aprendí a habitarlo de verdad. Pasé de exigirme resultados a permitirme procesos. Cambié la performance por la presencia.
Descubrí que la verdadera fuerza está en la sensibilidad, y que la resiliencia nace de aceptarse vulnerable.
Hoy, todo ese recorrido ha dado lugar a Reconecta System, mi forma de acompañar a personas que, como yo, han sentido que cargan demasiado, que sostienen el mundo y, a veces, se pierden a sí mismas en el proceso.
Mi método une movimiento consciente, respiración y una escucha profunda del cuerpo y las emociones. No prometo atajos ni resultados mágicos. Sí acompaño procesos reales de transformación, para que quienes confían en mí puedan volver a sentirse vivos, presentes y en paz en su propio cuerpo.
Si tú también quieres dejar de pelearte con tu cuerpo, recuperar tu energía y reconectar con tu vitalidad, aquí tienes un lugar.